Iván “el Terrible” en #LQSA: un Abogado de Familia malo

vista2En la teleserie “La Que Se Avecina”, Enrique Pastor y Judith Becker son vecinos de la Urbanización Mirador de Montepinar, C/ Ave del Paraíso número 6.

Enrique, Bajo B, AKA “Papuchi”, es de profesión “concejal de Juventud y Tiempo Libre”, cincuentón, de aspecto quijotesco o quizás barroco, de gran elocuencia y fuertes convicciones éticas y al que su mujer abandonó con un hijo adolescente, desorientado y problemático; sin embargo es un “estratega del amor”.

Judith, Ático A, AKA “la Comecocos” es Psicóloga, treintañera, pelirroja, libre de compromisos, ambiciosa y moderna; adora salir de “party-party” junto con la “Chupipandi” de la Urbanización y llevar un alto tren de vida.

En fin, nada que ver uno con otro. Pero hete aquí que ambos se conocieron, hubo atracción, sus tiranteces, sus dudas, sus más y sus menos (falso y fingido aborto incluído), y al final la consabida reconciliación. Se casaron y tuvieron un hijo, Dylan.

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Sin embargo pasado un tiempo la pasión se ha esfumado y, ambos, en proceso de divorcio, se van a ver las caras en el Juzgado de Familia. Judith encarga el asunto a Rebeca, Abogada con la que comparte el ático. Rebeca pregunta a Enrique si no pueden llegar a un acuerdo con Judith antes que ir a juicio. El concejal se niega rotundamente, añadiendo que va a luchar por su hijo Dylan hasta sus últimas consecuencias. Va a ir a por todas y para eso, decepcionado con los servicios prestados por su anterior Abogado (el atolondrado José Ignacio) ha contratado a Iván Bautista, más conocido en los Juzgados de Familia como Iván “el Terrible”. “Es el Abogado de Colate, el mejor”, dice Enrique….Mi opinión es que el personaje de Iván “el Terrible” no es el mejor. Ni siquiera es un buen Abogado de Familia. Es más, creo que es un Abogado de Familia MALO, en el doble sentido del término. El PEOR posible.

“Hay que descuartizarla, machacarla viva. Mañana tiene que pasar el peor rato de su vida” (Iván Bautista “El Terrible”)

En la entrevista que mantiene con Enrique el día anterior a la Vista, el Abogado Iván Bautista AKA “el Terrible” reinterpreta “a su manera” la personalidad y el comportamiento de Judith. También le expone su “particular” visión y enfoque del proceso de divorcio.

Enrique: ….Y esa es básicamente mi historia con Judith. Abogado Iván Bautista: Menuda joyita la pelirroja…E: Yo creo que tiene una insatisfacción vital…A.I.B (Anotándolo en una hoja):Desequilibrada. E:Y luego, unos cambios de humor de repente. A.I.B (Anotándolo): Bipolar.. ¿Por qué está tan delgada?. E: Dieta. A.I.B (Anotándolo): Anoréxica.. ¿Sale mucho por ahí? E: A veces. A.I.B (Anotándolo): Promiscua.. ¿Bebe? E: Algún gin tonic. A.I.B (Anotándolo): Alcohólica. E: Ehhh, bueno, yo creo que ese análisis está un poquito distorsionado. A.I.B: Enrique, ¿Tú quieres ganar?. Porque yo quiero ganar. E: Y yo, y yo. A.I.B: Pues entonces hay que descuartizarla, machacarla viva. Mañana tiene que pasar el peor rato de su vida. A mi barco solamente se suben ganadores. ¡ Ah, muy importante!. Los testigos. Necesitamos testigos que desacrediten a tu mujer. Aunque sean falsos, eso no importa…

“Para hacer la paz se necesitan dos; pero para hacer la guerra basta con uno sólo” (Arthur Neville Chamberlain)

Sabemos muy bien que no siempre el mutuo acuerdo es posible pero ello no obstante, aunque la crisis matrimonial se vea abocada inevitablemente a un proceso judicial contencioso, es aconsejable que tras la ruptura ambos progenitores traten de evitar los enfrentamientos y ataques personales, y para ello los Abogados deben ser los primeros en dar ejemplo.

Hoy día parece olvidarse que con la Reforma del Código Civil por Ley 15/2005 desapareció el sistema de separación y divorcio causal superándose el criterio de fundar la separación -y el divorcio- en base a juicios de reproche, culpa y responsabilidad a uno de los cónyuges o la búsqueda de una causa que motive judicialmente el divorcio.

Pues bien, en la praxis judicial a algunos operadores jurídicos nos sorprende todavía encontrar a otros que parecen no recordarlo y plantean el proceso matrimonial contencioso como una “batalla campal” donde se abre la “caja de Pandora” y afloran todas las miserias e intimidades que han provocado el desafecto, personal y conyugal como si de un divorcio causal se tratase, buscando de paso la desacreditación como persona y como progenitor del cónyuge

En la Guía de las Buenas Prácticas incluidas en las Conclusiones del IV Encuentro de Magistrados y Jueces de familia y asociaciones de Abogados de familia celebradas en octubre de 2009 ya se recomendaba que tanto Jueces como Abogados deben trabajar en el proceso con la finalidad de pacificar el conflicto que subyace bajo éste, evitando aquellas actuaciones que contravengan esa finalidad y tratando de descargarlo de la subjetividad que le aportan las partes. Se recomendaba especialmente a los Letrados que trataran de evitar la “personalización” del conflicto y de añadir emotividad al proceso. En la práctica de las pruebas y en los Informes de los abogados se les recomendaba evitar dinámicas culpabilísticas y negativizadoras de la contraparte innecesarias, pues se estimaba que, tras la Reforma de 2005, carecen de relevancia jurídica y sólo generan un incremento del nivel de conflicto familiar.

En sintonía con estas “Buenas Prácticas”, el Magistrado D. Jose Luis Utrera en su Ponencia Instrumentos necesarios para que los tribunales puedan dar respuesta adecuada en los procesos de familia – y muy acertadamente a mi juicio- pone de manifiesto que el proceso contencioso matrimonial debe de ser abordado por los Letrados con altas dosis pacificadoras, “racionalizando” en la medida de lo posible la carga emocional que el cliente trata de llevar al proceso (tarea nada fácil bien es cierto) y teniendo presente siempre que están representando a dos personas que tras el proceso deberán seguir teniendo abiertos canales de comunicación y colaboración permanentes, so pena de interminables incumplimientos postsentencia y sus correspondientes ejecuciones. En ese sentido, el “discurso persuasivo” tanto escrito como oral del Letrado deberá ser lo menos descalificador de la contraparte, siendo especialmente desafortunados los tonos agresivos y negativizadores más propios del viejo proceso culpabilístico hoy afortunadamente desterrado. La defensa de los intereses que se representan en ningún caso requiere la “aniquilación” de la otra parte, con la que se puede discrepar pero que no debe ser “un enemigo” a “destruir” procesalmente hablando; al contrario esa estrategia solo producirá un incremento de la tensión entre los adultos, una agudización del conflicto familiar y escasos réditos procesales (por no decir ninguno).

Y es precisamente este enfoque agresivo y descalificador el que pretendía plantear el personaje de Iván, “el Terrible”. Un Abogado de Familia malo, en el doble sentido de la expresión.

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2 Comments

  1. La serie #LQSA es un magnífico reflejo de la realidad actual y en este tema, también refleja a un sector importante de la Abogacía que sigue entendiendo que lo mejor para sus clientes -y posiblemente para ellos- es el conflicto y no el acuerdo. Afortunadamente, ese sector cada vez es más reducido.
    Enhorabuena por la entrada!

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