#SteveJobs : de hijo adoptado a padre ausente

Esto que os voy a contar esta basado en un hecho real, son cosas que hay que hay que explicar, si no la gente se puede liar. Todos somos igual, todos tenemos algo que ocultar, historias prohibidas no aptas para menores de edad.” (Fragmento de “Superjunkies”, Pereza)

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        No fue hasta el fallecimiento de su madre adoptiva, Clara Jobs, cuando el fundador de Apple, Steve Jobs, decidió contactar con su madre biológica, Joanne Schieble -Jandali de casada-. No lo hizo hasta la treintena, a pesar de que desde mucho antes sabía que era adoptado, debido al “profundo afecto que sentía por sus padres“, explica el autor de su biografía póstuma, Walter Isaacson.

Tampoco lo hizo porque no sabía cómo encontrar a sus padres biológicos. Jobs sólo logró ponerse tras la pista de su madre después de que el médico cuyo nombre figuraba en su partida de nacimiento, a su muerte, le enviase una carta donde le explicaba que su nombre era Joanne Schieble, una licenciada universitaria de Winconsin. Tras la revelación, Jobs tardó aún algunos meses en averiguar que residía en Los Angeles y utilizaba el apellido Simpson.

Cuando reunió fuerzas, y con el consentimiento de Paul Jobs, su padre adoptivo, el fundador de Apple fue al encuentro con su madre “movido por la curiosidad“, escribe Isaacson. “Quería conocer a mi madre biológica para ver si ella estaba bien y para darle las gracias, porque me alegro de que no abortara. Ella tenía 23 años y tuvo que pasar por muchas dificultades para tenerme“, relata Jobs a su biógrafo.

El ‘padre’ del iPhone acudió a conocer a su madre a Los Angeles y ella se mostró emocionada y arrepentida por haberle dado en adopción. Pero el ya famoso magnate de la informática le restó importancia. Su madre, sin embargo, se empeñó en llamar a su hermana, la escritora Mona Simpson: “Tienes un hermano, es maravilloso, es famoso, y voy a llevarlo a Nueva York para que puedas conocerlo“, asegura Isaacson que le dijo Joanne por teléfono a su hija Mona.

Entonces Jobs ya sabía que su padre biológico era Abdulfata ‘John’ Jandali. Pero no había dado con él. Hasta que su hermana Mona, con quien mantuvo una muy buena relación desde que se conocieron, según el libro que se pone a la venta en España, dio con él. Ella también le buscaba porque la abandonó cuando tenía apenas cinco años. Jobs, sin embargo, nunca quiso verse con su padre: “No es que tenga nada en su contra, estoy contento de estar vivo. Pero lo que más me molesta es que no tratara bien a Mona. La abandonó“, explica a Isaacson en la biografía.

Mona, sin embargo, decidió viajar a Sacramento para conocer a su padre. Él le confesó que tenía un hermano que dieron en adopción del que nunca más supo nada. Aunque ella lo sabía, calló. La sorpresa llegó cuando Jandali le explicó a su hija que había regentado un restaurante en San Jose al que “solían venir todos los triunfadores del mundo de la tecnología. Incluso Steve Jobs (…) Era un tipo muy agradable y dejaba buenas propinas“, dijo Jandali, según recuerda la hermana de Steve Jobs.

Cuando después Mona se lo contó a su hermano, éste reconoció que había visto e incluso saludado a Jandali… sin saber que era su padre biológico. Pese a ello, no quería verlo y le pidió a su hermana que no le contase nada de lo que ambos habían descubierto. Mona, obediente, no confirmó la noticia a Jandali hasta 2006, cuando ya se había publicado: “Nunca se puso en contacto con Steve”, confirma la hermana del fundador de Apple sobre su padre.

Más curioso todavía es que Jobs no sólo fue hijo adoptivo. También tuvo una hija de la que, al principio, no quiso hacerse cargo. Chrissann Brennan y Steve Jobs mantuvieron, durante varios años, una relación esporádica y física que les llevó a compartir casa. Brennan, sin esperarlo, se quedó embarazada, y no fue, ni de lejos, una situación ideal: “Steve y yo hemos vuelto y ahora estoy embarazada, pero seguimos rompiendo y volviendo, y no sé qué hacer”, explica ella en la biografía.

El fundador de Apple, sin embargo, lo tenía más claro: “No quería ser padre, así que no lo fui”. Incluso se muestra a favor de que Brennan abortase, aunque nunca la presionó cuando ella decidió tener a Lisa. La edad de Jobs, 23 años, era la misma que tenía su madre cuando se quedó embarazada de él.

Aunque sólo tres días después de su nacimiento Jobs acude a ver a la niña y colabora en la elección del nombre, Lisa Nicole Brennan -no Jobs-, después se distancia y no se hace cargo de su manutención hasta que el condado de San Mateo le obliga a hacerse una prueba de paternidad. Finalmente, es obligado a pagar 385 dólares mensuales y, aunque a cambio se le concede el derecho a ver a su hija, al principio ni hizo gran uso de él.

Sólo cuando Lisa cumplió ocho años Jobs se animó a acercarse a ella para algo más que mantenerla. El fundador de Apple ya no trabajaba en su compañía, sino que había fundado NeXT, e incluso llevó a la niña a su despacho. Fue, a tenor de la biografía de Jobs, un acercamiento consciente, quizá con la esperanza de que la historia no se repitiese, quizá con la única intención de sentirse mejor consigo mismo, quizá con la obligación de actuar como un verdadero padre. No en vano, Jobs decidió conceder esta biografía para que sus hijos le conociesen mejor.

 

 

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